ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA.
LA ALERGIA DEL POLLO.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
En un cuarto al final del patio estaba la cuerda de
gallos, en jaulas o amarrados con cabuyas. En el propio patio deambulaban las
gallinas con sus pollos. Los pollos que empezaban a cambiar el tono de sus
cantos y se peleaban entre sí, eran apartados y ubicados en el cuarto. Pero
incluso, estando ya en el cuarto de los gallos experimentados en el ruedo de
los combates, esos gallos jóvenes seguían llamándose “pollos”.
2
Uno de esos pollos eran un giro de imponente
estampa y habilidades con sus patas muy
prometedoras. En los entrenamientos con los otros pollos demostraba sus
capacidades bélicas: volaba por encima de la cabeza de sus contrincantes y los
golpeaba fuertemente con sus botas: tiras de trapos enrolladas sobre sus
espuelas para evitar dañar a su compañero de cuerda.
3
Luego de unos de esos entrenamiento el pollo giro
salió con una herida. Era apenas una pequeña incisión en la parte inferior de
la extremidad; pero papá sabía que esos pequeños traumas plantares podían
convertirse en “pateras”, una inflamación mayor que hacía renquear a los
animales y los inhabilitaba por mucho tiempo para participar en las faenas de
lidias domingueras de la temporada.
4
Le pondré penicilina como profilaxis , dijo papá y
tomó una inyectadora de plástico desechable multiuso (y valga el oxímoron) de
aguja larga. Rompió una ampolla de agua destilada y succionó su contenido. Luego vertió el agua en el frasquito. Batió
la mezcla del antibiótico con el agua, y cuando aclaró la solución, le aplicó
la jeringa para extraerla. Tomó al giro con su mano izquierda, y con la derecha
le introdujo la aguja por la pechuga. Cuando la inyectadora quedó completamente
vacía, el pollo dobló su cuello: murió instantáneamente sin emitir ningún
sonido.
5
Papá expidió de
inmediato un acta de defunción verbal: ¡Era alérgico a la penicilina¡
6
Todo gallo, joven o viejo, que muriera en
circunstancias que no implicaban el uso de venenos, era llevado a la cocina. Y
el pollo giro no fue la excepción: su carne suave auguraba buenas mechas para hacer
empanadas, el plato preferido de papa los domingos de derrotas.
7
La autopsia culinaria demostró que la aguja
introducida por la pechuga había atravesado el corazón del ave desde sus
ventrículos hasta las aurículas, paralizando sus movimientos. La aguja se
convirtió en un eje que unió el ápex con la base del corazón y semejaba,seguramente,
esas imágenes artísticas que intentan representar las más dolorosas rupturas
amorosas.
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