ALFONSO MALASPINA.1923-2010

ALFONSO MALASPINA.1923-2010
ALFONSO MALASPINA

jueves, 29 de octubre de 2026

San Antonio de Padua.


 

LA MONA LISA EN NUESTRA CASA.

 

ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA.

 

LA MONA LISA EN NUESTRA CASA.

 

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”. (Gabriel García Márquez).

 

 

1

Papá trajo un cuadro de la Mona Lisa o Gioconda (1503-1506) y lo colgó en una de las paredes de la sala donde dormíamos.

En el día, los chinchorros estaban recogidos en una alcayata. En la noche se extendían y convertían el aposento en un dormitorio.

 

 

 

 

2

Papá no nos explicó quién era la mujer del cuadro. Pero dentro de sus ancestros hubo conocedores y admiradores de la obra de Da Vinci. Armas Chitty (maestro de primaria de nuestro padre y luego reconocido historiador nacional) habló así de un tío de Mamavira:

 

“A Miguel Mugno le vimos bajo el sol terrible, tal vez en misión artística, ambulando por aquellos pueblos. Recordamos haber visto en su habitación, junto al conocido paisaje de Nápoles, donde un árbol sujeto contra un cerro a un castillo, la figura de Leonardo da Vinci. Era un óleo desvaído, quizá recuerdo de familia. Miguel Mugno decía, mirando la figura del Maestro: —Nadie ha sido tan múltiple”. (José Antonio de Armas Chitty, Relatos de Tierra Caliente, Cardumen, 1990).

 

 

 

3

Entre nosotros murmurábamos que la del cuadro era una santa, una virgen.

Todo estaba bien, hasta que uno de nosotros dijo:

—En la noche esa mujer mueve el rostro. Parece que se ríe. Mueve los labios.  Cambia su rostro.

Por supuesto que, a medianoche, ese cuadro asustaba.

Papá quitó la imagen de la pared.

4

Luego de muchos años pude ver personalmente la Mona Lisa, protegida por un grueso cristal, en el Louvre (París), y me enteré de que muchos de esos fenómenos relacionados con el cuadro y que nos asustaron en la infancia tenían sus fundamentos.

 

Los especialistas hablan de que la modelo de Da Vinci tal vez sufría de parálisis facial, lo que hacía ver su rostro de diferentes maneras. Otros dicen que no tenía dientes y por eso apretaba los labios.

 

Otras teorías: Sufría de bruxismo (apretaba los dientes). Estaba estresada. Padecía de párkinson. También hay las tesis que argumentan el gesto de los labios como consecuencia de la felicidad mostrada por los oligofrénicos y los borrachos.

 

 

 

 

 

miércoles, 21 de octubre de 2026

EL HIJO DE LA NOCHE

 

 

ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA

 

EL HIJO DE LA NOCHE.

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

 

 

 

1

El petróleo fue descubierto en las cercanías de Las Mercedes del Llano (Palacios) en 1946  por las compañías Texas y Caracas Petroleum, las cuales unidas adoptaron el nombre de Petrolera Las Mercedes.

Los trabajos en los campos petroleros permitieron la construcción de obras monumentales como el oleoducto que llevaba el oro negro hasta Puerto La Cruz en 1948.

Estas labores arduas necesitaban de grandes cantidades de mano de obra. A Las Mercedes llegaron personas de todos los rincones del país en busca de trabajo. Este gran movimiento de gentes impulsó la economía de la ciudad.

Aparecieron negocios, residencias y restaurantes.

 

 

2

El español Alejandro Ferro abrió el restaurante “El hijo de la noche”, el cual fue adquirido por nuestro padre. Estaba allí en la esquina de la avenida Bolívar con la calle Colombia, donde han funcionado todos los negocios de nuestro padre.

El español Alejandro Feero le vendió el restaurante a nuestro padre y se marchó del pueblo; pero antes le regaló un perro a nuestro hermano Miguel. El can fue llamado “Lobo” y resultó ser un animal muy inteligente y muy querido por todos nosotros.

 

 

 

3

El restaurante “El hijo de la noche” rendía honor a su nombre: sus puertas permanecían abiertas las veinticuatro horas del día. El ritmo de trabajo de la petrolera exigía cambios de guardia. La masa obrera satisfacía sus necesidades alimentarias asistiendo a posadas y tarantines, pero también a restaurantes como “El hijo de la noche”, el cual proporcionó trabajo a muchas personas que fungieron de cocineras y meseros.

Papá atendía personalmente el restaurante.

 

4

“El hijo de la noche” tenía aspecto de tasca con sus respectivos sillones altos para servir a los clientes en la barra.

Detrás había unas vitrinas de vidrio con botellas de licores y enlatados.

El mesón, con aspecto marmóreo, tenía un tablero azul con un zócalo amarillo. Una cafetera estaba en uno de sus extremos.

Papá sugería servir el café en tazas de porcelana sobre platillos y con un vaso de agua.

 

(Fuente: Miguel Simón Malaspina Guerra)

 

 

 

 

 

 

viernes, 16 de octubre de 2026

EL REFRESCAMIENTO DE LOS GALLOS

 

 

 

ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA

 

 

EL REFRESCAMIENTO DE LOS GALLOS.

 

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

Papá cuidaba sus gallos con esmero. Los mantenía en sus jaulas, amarrados a una cabuya o en el patio para cogerles pollos. Los alimentaba con una medida exacta, los entrenaba y los curaba en caso de heridas.

Papá recurría a otros expertos para ciertas labores. Orange afeitaba y descrestaba sus gallos. El refrescamiento de sus ejemplares con caña clara lo hacía cualquiera acostumbrado a los lavagallos, que así se llaman los aguardientes baratos para uso gallístico.

 

2

El tío Nemesio varias veces fungió de rociador de los gallos de papá. Tío Nemesio se refería a papá como “el Paisano”, y entre risas contaba la siguiente anécdota:

 

El Paisano me pidió refrescar sus gallos. Me dio una botella de caña clara. Yo tomaba un buche, me lo tragaba y le decía: "Un momento, Paisano, ya lo refresco".  Varias veces hice esto con distintos gallos. Hasta que el Paisano me dijo:

—    Nemesio, creo que lo estás haciendo por viveza.

 

Y tío Nemesio soltaba la carcajada.

 

 

 

 

viernes, 2 de octubre de 2026

EL GAVILÁN

 ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA.

 

 

 

 

EL GAVILÁN

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

1

Papá tenía muy buena puntería con las armas de fuego. Una vez viajábamos a Cabruta y me preguntó:

 

—¿Quieres que te enseñe a disparar?

 

—Sí, le dije.

 

Detuvo el carro y bajamos a la sabana. Me señaló un punto y le disparó. Acertó. Luego me dio unas explicaciones y me entregó la pistola.

 

Disparé y sentí que me caía. El tiro me empujó hacia atrás y mis manos se movieron hacia todos los lados. Quedé sordo por unos instantes del estruendo.

 

Me dio nuevas explicaciones. Volví a disparar. Me tambaleé menos y dominé mejor las manos, pero la bala cayó lejos del blanco.

Más nunca he tomado un arma; y no me arrepiento.

 

 

2

 

Un búho se posaba sobre el almendrón del patio y llenaba de tristeza mis tardes mercedenses con su ulular, pero no se metía con nadie; en cambio, un viejo gavilán nos azotaba y se llevaba, cada día, entre sus garras un pollo. Nuestro padre vio amenazada su cuerda de gallos finos. No tenía ninguna arma de fuego, por eso mandó a Carlos donde un vecino para pedirle prestado un rifle.

Carlos preguntó:

—¿Cuántas balas le pido?

—Una sola.

 

 

3

El gavilán alzó el vuelo con un pollito que piaba entre sus garras. Papá hizo el disparo y detuvo al ave rapaz para siempre. El pollito se salvó.

4

Este episodio para mí es inolvidable porque, al caer el gavilán, salieron de sus plumas un montón de piojos. Eso me hizo sentir lástima   porque entendí que en el mundo animal también hay pordioseros.