ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA
EL GALLERO
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Papá fue un gallero chapado a la antigua: jugaba a los gallos por amor
al arte. No lo hacía por razones lucrativas. Apostaba poco dinero en las
peleas.
Sus gallos alcanzaron cierta fama por sus resonantes victorias en el
entorno gallístico local y regional. Recuerdo a un gallo giro que ganó luego de
quedar ciego: así conservó su invicto. Lo metió en una jaula para “cogerle
pollo”; una manera de decir que se dejaba de padrote para obtener una buena
descendencia. Cuando murió ese gallo giro lo enterró a la vera de un níspero
que estaba en el patio. Carlos lo ayudó en esa tarea.
2
Otro gallo destacado fue “El comeranas”. No es necesario explicar por
qué le dieron ese nombre.
Inolvidable fue un gallo al que lo llamaban “El Gallino”. Era un
ejemplar de color negro, un “córner”. Carlos decía que esos gallos salían de la
unión de un gallo fino con una pataruca. Tal vez se trate de un gallo inglés
llamado Cornish.
Ese Gallino ganaba en dos minutos. Una vez ganó en un minuto. Alguien le
preguntó a papá si lo volvería a jugar. Papá aceptó el reto, y el Gallino,
nuevamente, salió victorioso en poco tiempo. Todo un récord: dos peleas en
media hora.
3
Papá entrenaba sus gallos con el ocho: pasaba el gallo entre sus piernas
con movimientos rápidos como si estuviera dibujando un número 8.
Los colocaba sobre una cuerda para que adquirieran destrezas de
equilibrio.
Ponía a pelear a dos ejemplares con sus espuelas cubiertas con trapos.
Eso se llama la bota.
También recurría al careo: un gallo (el careador) picaba otro gallo que
estaba en fase de preparación. El gallo sometido a esa prueba se enfurecía y
reaccionaba con ganas de pelear. Esa es una manera de mantener alerta los
reflejos necesarios para la lidia.
4
La cuerda de gallos de papá estaba en un cuarto de bloques de cemento,
ubicado al final del patio. Al frente de esa construcción sobresalía un tubo:
era un aljibe del que Mamavira extraía agua para consumo de la casa.
En ese cuarto los gallos estaban en
sus jaulas o amarrados con una cuerda.
En las mañanas, ese cuarto se convertía en una sala de conciertos
musicales.
5
Papá alimentaba sus gallos con maíz a una hora fija, una solo vez al
día. La medida era un envase cualquiera. En sus respectivos cubículos los
gallos tenían un recipiente con agua.
En la mañana los pesaba y les suministraba jugo de naranja.
El control del peso era muy necesario a la hora de llevarlos a la
balanza antes de un posible combate.
Los gallos eran rociados con aguardiente para refrescarlos. Esa parte
del cuido de sus animales no le atraía a papá, por eso recurría a alguien para
que le echara un trago a un gallo.
En el transcurso de la semana papá seleccionaba el gallo que llevaría a
la gallera de Pacheco. Al comprobar que estaba en buenas condiciones para
pelear, decía:
—¡Está hasta la boca!
6
Nosotros acompañábamos a papá los domingos a la gallera para cuidar los
gallos de posibles marramucieros que podían colocar en minusvalía a cualquier
gallo a través del maltrato físico o simplemente lanzándoles un maíz
envenenado.
7
Papá era el veterinario de sus gallos. Tenía un botiquín con
medicamentos, elixires y cremas para tratar las heridas.
8
El gallo ganador era rociado con orina para desinfectarlo, antes de
soltarlo al patio para unas merecidas vacaciones.
El gallo perdedor terminaba convertido en empanadas.







