ALFONSO MALASPINA.1923-2010

ALFONSO MALASPINA.1923-2010
ALFONSO MALASPINA

viernes, 2 de octubre de 2026

EL GAVILÁN

 ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA.

 

 

 

 

EL GAVILÁN

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

1

Papá tenía muy buena puntería con las armas de fuego. Una vez viajábamos a Cabruta y me preguntó:

 

—¿Quieres que te enseñe a disparar?

 

—Sí, le dije.

 

Detuvo el carro y bajamos a la sabana. Me señaló un punto y le disparó. Acertó. Luego me dio unas explicaciones y me entregó la pistola.

 

Disparé y sentí que me caía. El tiro me empujó hacia atrás y mis manos se movieron hacia todos los lados. Quedé sordo por unos instantes del estruendo.

 

Me dio nuevas explicaciones. Volví a disparar. Me tambaleé menos y dominé mejor las manos, pero la bala cayó lejos del blanco.

Más nunca he tomado un arma; y no me arrepiento.

 

 

2

 

Un búho se posaba sobre el almendrón del patio y llenaba de tristeza mis tardes mercedenses con su ulular, pero no se metía con nadie; en cambio, un viejo gavilán nos azotaba y se llevaba, cada día, entre sus garras un pollo. Nuestro padre vio amenazada su cuerda de gallos finos. No tenía ninguna arma de fuego, por eso mandó a Carlos donde un vecino para pedirle prestado un rifle.

Carlos preguntó:

—¿Cuántas balas le pido?

—Una sola.

 

 

3

El gavilán alzó el vuelo con un pollito que piaba entre sus garras. Papá hizo el disparo y detuvo al ave rapaz para siempre. El pollito se salvó.

4

Este episodio para mí es inolvidable porque, al caer el gavilán, salieron de sus plumas un montón de piojos. Eso me hizo sentir lástima   porque entendí que en el mundo animal también hay pordioseros.

 

 

 

 

 

 

 

El gavilán.


 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

EL PUMERO DE JUAN CHIQUITO

 

ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA

 

EL PLUMERO DE JUAN CHIQUITO

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra




1

Papá tuvo varios plumeros. El primero estaba en la casa, lateral a la carnicería y en la cual montó una bodega. En ese plumero había unos cajones con dos departamentos y puertas de tela metálica para que las gallinas empollaran sus huevos. También tenía jaulas para gallos. Los morrocoyes se desplazaban libremente por el piso de tierra. En varias oportunidades vimos cómo emergía de un huevo una nueva cría de morrocoy.

El otro plumero estaba en nuestra casona de la avenida Bolívar. Cuando Miguel construyó su casa, papá decidió hacer un plumero a un lado de la casona, en un terreno que colindaba con lo de doña Julia.

 

2

Para la construcción del nuevo plumero, papá contrató a Juan Chiquito, un hombre de bajísima estatura, pero muy responsable y laborioso.

Juan Chiquito era “toero”: hacía cualquier trabajo, con tal de ganarse el pan honradamente.

 

 

3

Papá le entregó los materiales de construcción a Juan Chiquito: estantes de madera, láminas de cinc, alambre de gallinero, alambre dulce, clavos, etc.

 

4

Juan Chiquito trabajó en solitario con fervor y entusiasmo, pero sin ninguna vigilancia.

Finalizada la obra, Juan Chiquito se la mostró a papá, quien se sorprendió y enojó al comprobar que Juan Chiquito diseñó el plumero a su medida, imagen y semejanza.

El plumero se parecía a las residencias de los enanitos de Blancanieves,

5

Papá no remodeló el plumero liliputiense. Se resignó a agacharse cada vez que visitaba a sus animales.

 

 

EL PLUMERO DE JUAN CHIQUITO

 


sábado, 26 de septiembre de 2026

EL GALLERO

 

ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA

 

 


EL GALLERO

 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

1

Papá fue un gallero chapado a la antigua: jugaba a los gallos por amor al arte. No lo hacía por razones lucrativas. Apostaba poco dinero en las peleas.

Sus gallos alcanzaron cierta fama por sus resonantes victorias en el entorno gallístico local y regional. Recuerdo a un gallo giro que ganó luego de quedar ciego: así conservó su invicto. Lo metió en una jaula para “cogerle pollo”; una manera de decir que se dejaba de padrote para obtener una buena descendencia. Cuando murió ese gallo giro lo enterró a la vera de un níspero que estaba en el patio. Carlos lo ayudó en esa tarea.

2

Otro gallo destacado fue “El comeranas”. No es necesario explicar por qué le dieron ese nombre.

 

Inolvidable fue un gallo al que lo llamaban “El Gallino”. Era un ejemplar de color negro, un “córner”. Carlos decía que esos gallos salían de la unión de un gallo fino con una pataruca. Tal vez se trate de un gallo inglés llamado Cornish.

 

Ese Gallino ganaba en dos minutos. Una vez ganó en un minuto. Alguien le preguntó a papá si lo volvería a jugar. Papá aceptó el reto, y el Gallino, nuevamente, salió victorioso en poco tiempo. Todo un récord: dos peleas en media hora.

 

3

Papá entrenaba sus gallos con el ocho: pasaba el gallo entre sus piernas con movimientos rápidos como si estuviera dibujando un número 8.

 Los colocaba sobre una cuerda para que adquirieran destrezas de equilibrio. 

Ponía a pelear a dos ejemplares con sus espuelas cubiertas con trapos. Eso se llama la bota.

 

También recurría al careo: un gallo (el careador) picaba otro gallo que estaba en fase de preparación. El gallo sometido a esa prueba se enfurecía y reaccionaba con ganas de pelear. Esa es una manera de mantener alerta los reflejos necesarios para la lidia.

4

La cuerda de gallos de papá estaba en un cuarto de bloques de cemento, ubicado al final del patio. Al frente de esa construcción sobresalía un tubo: era un aljibe del que Mamavira extraía agua para consumo de la casa.

 

En ese cuarto los  gallos estaban en sus jaulas o amarrados con una cuerda.

En las mañanas, ese cuarto se convertía en una sala de conciertos musicales.

 

 

5

Papá alimentaba sus gallos con maíz a una hora fija, una solo vez al día. La medida era un envase cualquiera. En sus respectivos cubículos los gallos tenían un recipiente con agua.

En la mañana los pesaba y les suministraba jugo de naranja.

El control del peso era muy necesario a la hora de llevarlos a la balanza antes de un posible combate.

 

Los gallos eran rociados con aguardiente para refrescarlos. Esa parte del cuido de sus animales no le atraía a papá, por eso recurría a alguien para que le echara un trago a un gallo.

 

En el transcurso de la semana papá seleccionaba el gallo que llevaría a la gallera de Pacheco. Al comprobar que estaba en buenas condiciones para pelear, decía:

—¡Está hasta la boca!

6

Nosotros acompañábamos a papá los domingos a la gallera para cuidar los gallos de posibles marramucieros que podían colocar en minusvalía a cualquier gallo a través del maltrato físico o simplemente lanzándoles un maíz envenenado.

 

 

7

Papá era el veterinario de sus gallos. Tenía un botiquín con medicamentos, elixires y cremas para tratar las heridas.

 

8

 

El gallo ganador era rociado con orina para desinfectarlo, antes de soltarlo al patio para unas merecidas vacaciones.

El gallo perdedor terminaba convertido en empanadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GALLERO

 


Gallero