ALFONSO MALASPINA.1923-2010

ALFONSO MALASPINA.1923-2010
ALFONSO MALASPINA

viernes, 16 de octubre de 2026

EL REFRESCAMIENTO DE LOS GALLOS

 

 

 

ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA

 

 

EL REFRESCAMIENTO DE LOS GALLOS.

 

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

1

Papá cuidaba sus gallos con esmero. Los mantenía en sus jaulas, amarrados a una cabuya o en el patio para cogerles pollos. Los alimentaba con una medida exacta, los entrenaba y los curaba en caso de heridas.

Papá recurría a otros expertos para ciertas labores. Orange afeitaba y descrestaba sus gallos. El refrescamiento de sus ejemplares con caña clara lo hacía cualquiera acostumbrado a los lavagallos, que así se llaman los aguardientes baratos para uso gallístico.

 

2

El tío Nemesio varias veces fungió de rociador de los gallos de papá. Tío Nemesio se refería a papá como “el Paisano”, y entre risas contaba la siguiente anécdota:

 

El Paisano me pidió refrescar sus gallos. Me dio una botella de caña clara. Yo tomaba un buche, me lo tragaba y le decía: "Un momento, Paisano, ya lo refresco".  Varias veces hice esto con distintos gallos. Hasta que el Paisano me dijo:

—    Nemesio, creo que lo estás haciendo por viveza.

 

Y tío Nemesio soltaba la carcajada.

 

 

 

 

viernes, 2 de octubre de 2026

EL GAVILÁN

 ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA.

 

 

 

 

EL GAVILÁN

 


Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

1

Papá tenía muy buena puntería con las armas de fuego. Una vez viajábamos a Cabruta y me preguntó:

 

—¿Quieres que te enseñe a disparar?

 

—Sí, le dije.

 

Detuvo el carro y bajamos a la sabana. Me señaló un punto y le disparó. Acertó. Luego me dio unas explicaciones y me entregó la pistola.

 

Disparé y sentí que me caía. El tiro me empujó hacia atrás y mis manos se movieron hacia todos los lados. Quedé sordo por unos instantes del estruendo.

 

Me dio nuevas explicaciones. Volví a disparar. Me tambaleé menos y dominé mejor las manos, pero la bala cayó lejos del blanco.

Más nunca he tomado un arma; y no me arrepiento.

 

 

2

 

Un búho se posaba sobre el almendrón del patio y llenaba de tristeza mis tardes mercedenses con su ulular, pero no se metía con nadie; en cambio, un viejo gavilán nos azotaba y se llevaba, cada día, entre sus garras un pollo. Nuestro padre vio amenazada su cuerda de gallos finos. No tenía ninguna arma de fuego, por eso mandó a Carlos donde un vecino para pedirle prestado un rifle.

Carlos preguntó:

—¿Cuántas balas le pido?

—Una sola.

 

 

3

El gavilán alzó el vuelo con un pollito que piaba entre sus garras. Papá hizo el disparo y detuvo al ave rapaz para siempre. El pollito se salvó.

4

Este episodio para mí es inolvidable porque, al caer el gavilán, salieron de sus plumas un montón de piojos. Eso me hizo sentir lástima   porque entendí que en el mundo animal también hay pordioseros.

 

 

 

 

 

 

 

El gavilán.


 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

EL PUMERO DE JUAN CHIQUITO

 

ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA

 

EL PLUMERO DE JUAN CHIQUITO

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra




1

Papá tuvo varios plumeros. El primero estaba en la casa, lateral a la carnicería y en la cual montó una bodega. En ese plumero había unos cajones con dos departamentos y puertas de tela metálica para que las gallinas empollaran sus huevos. También tenía jaulas para gallos. Los morrocoyes se desplazaban libremente por el piso de tierra. En varias oportunidades vimos cómo emergía de un huevo una nueva cría de morrocoy.

El otro plumero estaba en nuestra casona de la avenida Bolívar. Cuando Miguel construyó su casa, papá decidió hacer un plumero a un lado de la casona, en un terreno que colindaba con lo de doña Julia.

 

2

Para la construcción del nuevo plumero, papá contrató a Juan Chiquito, un hombre de bajísima estatura, pero muy responsable y laborioso.

Juan Chiquito era “toero”: hacía cualquier trabajo, con tal de ganarse el pan honradamente.

 

 

3

Papá le entregó los materiales de construcción a Juan Chiquito: estantes de madera, láminas de cinc, alambre de gallinero, alambre dulce, clavos, etc.

 

4

Juan Chiquito trabajó en solitario con fervor y entusiasmo, pero sin ninguna vigilancia.

Finalizada la obra, Juan Chiquito se la mostró a papá, quien se sorprendió y enojó al comprobar que Juan Chiquito diseñó el plumero a su medida, imagen y semejanza.

El plumero se parecía a las residencias de los enanitos de Blancanieves,

5

Papá no remodeló el plumero liliputiense. Se resignó a agacharse cada vez que visitaba a sus animales.

 

 

EL PLUMERO DE JUAN CHIQUITO