ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA
EL REFRESCAMIENTO DE LOS GALLOS.
Edgardo Rafael Malaspina Guerra
1
Papá cuidaba sus gallos con esmero. Los mantenía en sus jaulas,
amarrados a una cabuya o en el patio para cogerles pollos. Los alimentaba con
una medida exacta, los entrenaba y los curaba en caso de heridas.
Papá recurría a otros expertos para ciertas labores. Orange afeitaba y descrestaba
sus gallos. El refrescamiento de sus ejemplares con caña clara lo hacía
cualquiera acostumbrado a los lavagallos, que así se llaman los aguardientes
baratos para uso gallístico.
2
El tío Nemesio varias veces fungió de rociador de los gallos de papá.
Tío Nemesio se refería a papá como “el Paisano”, y entre risas contaba la
siguiente anécdota:
El Paisano me pidió refrescar sus gallos. Me dio una botella de caña
clara. Yo tomaba un buche, me lo tragaba y le decía: "Un momento, Paisano,
ya lo refresco". Varias veces hice
esto con distintos gallos. Hasta que el Paisano me dijo:
—
Nemesio, creo que lo estás haciendo
por viveza.
Y tío Nemesio soltaba la carcajada.

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