ALFONSO MALASPINA.1923-2010

ALFONSO MALASPINA.1923-2010
ALFONSO MALASPINA

sábado, 26 de septiembre de 2026

EL GALLERO

 

ANECDOTARIO DE ALFONSO MALASPINA

 

 


EL GALLERO

 

 

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

 

1

Papá fue un gallero chapado a la antigua: jugaba a los gallos por amor al arte. No lo hacía por razones lucrativas. Apostaba poco dinero en las peleas.

Sus gallos alcanzaron cierta fama por sus resonantes victorias en el entorno gallístico local y regional. Recuerdo a un gallo giro que ganó luego de quedar ciego: así conservó su invicto. Lo metió en una jaula para “cogerle pollo”; una manera de decir que se dejaba de padrote para obtener una buena descendencia. Cuando murió ese gallo giro lo enterró a la vera de un níspero que estaba en el patio. Carlos lo ayudó en esa tarea.

2

Otro gallo destacado fue “El comeranas”. No es necesario explicar por qué le dieron ese nombre.

 

Inolvidable fue un gallo al que lo llamaban “El Gallino”. Era un ejemplar de color negro, un “córner”. Carlos decía que esos gallos salían de la unión de un gallo fino con una pataruca. Tal vez se trate de un gallo inglés llamado Cornish.

 

Ese Gallino ganaba en dos minutos. Una vez ganó en un minuto. Alguien le preguntó a papá si lo volvería a jugar. Papá aceptó el reto, y el Gallino, nuevamente, salió victorioso en poco tiempo. Todo un récord: dos peleas en media hora.

 

3

Papá entrenaba sus gallos con el ocho: pasaba el gallo entre sus piernas con movimientos rápidos como si estuviera dibujando un número 8.

 Los colocaba sobre una cuerda para que adquirieran destrezas de equilibrio. 

Ponía a pelear a dos ejemplares con sus espuelas cubiertas con trapos. Eso se llama la bota.

 

También recurría al careo: un gallo (el careador) picaba otro gallo que estaba en fase de preparación. El gallo sometido a esa prueba se enfurecía y reaccionaba con ganas de pelear. Esa es una manera de mantener alerta los reflejos necesarios para la lidia.

4

La cuerda de gallos de papá estaba en un cuarto de bloques de cemento, ubicado al final del patio. Al frente de esa construcción sobresalía un tubo: era un aljibe del que Mamavira extraía agua para consumo de la casa.

 

En ese cuarto los  gallos estaban en sus jaulas o amarrados con una cuerda.

En las mañanas, ese cuarto se convertía en una sala de conciertos musicales.

 

 

5

Papá alimentaba sus gallos con maíz a una hora fija, una solo vez al día. La medida era un envase cualquiera. En sus respectivos cubículos los gallos tenían un recipiente con agua.

En la mañana los pesaba y les suministraba jugo de naranja.

El control del peso era muy necesario a la hora de llevarlos a la balanza antes de un posible combate.

 

Los gallos eran rociados con aguardiente para refrescarlos. Esa parte del cuido de sus animales no le atraía a papá, por eso recurría a alguien para que le echara un trago a un gallo.

 

En el transcurso de la semana papá seleccionaba el gallo que llevaría a la gallera de Pacheco. Al comprobar que estaba en buenas condiciones para pelear, decía:

—¡Está hasta la boca!

6

Nosotros acompañábamos a papá los domingos a la gallera para cuidar los gallos de posibles marramucieros que podían colocar en minusvalía a cualquier gallo a través del maltrato físico o simplemente lanzándoles un maíz envenenado.

 

 

7

Papá era el veterinario de sus gallos. Tenía un botiquín con medicamentos, elixires y cremas para tratar las heridas.

 

8

 

El gallo ganador era rociado con orina para desinfectarlo, antes de soltarlo al patio para unas merecidas vacaciones.

El gallo perdedor terminaba convertido en empanadas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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